Nuestra Señora de la Diferencia

En el árido e infinito desierto mongol, en las calles de la encerrada Berlín de los ’70 o en el lago alemán que hace de océano chino, Ulrike Ottinger siempre encontró a la mujer, al freak, al exiliado, al marginal. En su trabajo cinematográfico siempre quiso representar la otredad, la desviación de la norma, siempre iluminada por toques experimentales y humorísticos, comedia de vanguardia redimida por la conciencia social. Desde 1974 produjo películas donde se cruza el cine artístico de ficción y el documental postmoderno, algunas veces descriptas como “celebración del anti-realismo lésbico punk”. Una secuencia de Retrato de una bebedora, tomada en 1978, muestra el encuentro silencioso entre dos mujeres extrañas, separadas por el panel de vidrio de un café berlinés. Desde adentro, la bebedora, envuelta en un vestido amarillo brillante, levanta el vaso para brindar con la mujer vagabunda que saluda desde afuera. El vidrio las separa, pero el líquido y el deseo de embriagarse las unifica, sugiriendo que las dos figuras opuestas forman dos imágenes del mismo personaje.

Retrato de una bebedora

Sólo unos años antes, en 1975, la revista Screen había publicado el emblemático ensayo de Laura Mulvey sobre “Placer visual y cine narrativo”. En la era clásica del cine de Hollywood, argumenta Mulvey, los espectadores tienden a identificarse con el protagonista de la película, en general un personaje masculino que hace avanzar la acción. Mientras tanto, los personajes femeninos de los ’50 y ’60 están construidos para ser mirados, produciendo quiebres voyeurísticos, de observación, entre las secuencias narrativas. Este texto, junto a otros materiales que analizaban los puntos de vista y la sutura cinematográfica, suministraron una base teórica para cineastas que querían alejarse de la norma y abrieron el camino para un cine de mujeres que quería lograr una profunda transformación de la visión, creando un lenguaje diferente de imágenes en movimiento.

Superbia

Ottinger, una artista visual que se cruzó al cine desde las imágenes estáticas de la fotografía y la pintura, quiso, desde sus primeras películas, dirigirse al espectador femenino, más allá de que se trate de hombres o mujeres. Madame X, por ejemplo, define todos los puntos de identificación como femeninos o feministas, con su llamada repetitiva a todas las mujeres en busca de “oro, amor y aventura”, la apropiación del género de películas de piratas, la voz desarticulada de la autoridad y el uso del fetiche para otra clase de placer. Representa el punto de vista del segundo sexo, lo que también ralentiza la narración hasta hacerla perder relevancia y dejar espacio para la combinación no sincrónica de imágenes y sonidos. En este sentido, el trabajo de Ottinger sigue los principios del collage y se conecta con el surrealismo. No hace cine narrativo, sino que demanda y genera en sus espectadores una forma específicamente asociativa de mirar y escuchar.

Jeanne d’Arc of Mongolia

La representación de la otredad empezó con sus primeras películas feministas como “Retrato de una Bebedora” y “Madame X”. Las mujeres que su suman, por ejemplo, a la embarcación de X, vienen de contextos deseantes extremadamente diversos: una modelo, una psicóloga, una cocinera china, una chica exótica de Polinesia, etc. En “Freak Orlando”, se trata de un grupo de marginados, excluidos y deportados, unidos en la película a través del personaje de Orlando creado por Virginia Woolf, que puede atravesar distintos períodos de la historia como hombre y como mujer.

12 sillas

Los escenarios donde los personajes se mueven y viven van más allá de una cuestión de locación, funcionando como una parte esencial de la historia. Ottinger pudo convertirse en la primera cineasta occidental que filmó en Mongolia, en otras ocasiones fue a China o se quedó en la ciudad donde vive, Berlín. Viena se transformó en la plataforma para el regreso de una vampira húngara del siglo XVII en su versión de la Condesa Sangrienta, el Berlín de los ’70 es la ciudad laberíntica para disolverse en alcohol, encontrando de paso a Nina Hagen, Martin Kippenberger y a tres mujeres espías que responden a los nombres de “Cuestión Social” (Magdalena Moctezuma), “Sentido Común”(Monika von Cube) y “Estadísticas Precisas” (Orpha Termin). El deseo está intrincado, entretejido en estos paisajes, lleva a sus protagonistas a territorios extraños y los hace extranjeros. Laurence A. Rickels afirma que “la exclusión, como en un sueño, queda invertida en las películas de Ottinger como inicio de un viaje y de una aventura.”

La Sala Lugones del Teatro San Martín está proyectando estos días un ciclo de sus películas, acompañadas de una muestra de fotografía en la fotogalería. Están incluidas once películas, entre ellas Retrato de de una BebedoraFreak OrlandoJuana de Arco de Mongolia12 sillasSuperbiaPrater y otras que nos invitan ahora a a abandonar la certeza y el aburrimiento del cine convencional por “oro, amor y aventura”.

Teatro General San Martín, Sala Lugones
Corrientes 1530 10mo. piso, Buenos Aires, Argentina

Ulrike Ottinger, una retrospectiva, en la Fotogalería

Hasta el 3 de julio

Horario
Lunes – viernes, 12 – hasta el cierre del teatro
Sábados y domingos, 14 – hasta el cierre del teatro

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