Posts Tagged ‘ Sala Lugones ’

El encanto de las pesadillas

Esta semana empezó en la Sala Lugones del Teatro San Martín el ciclo Reencuentro con Buñuel, donde se proyectan cinco de sus más importantes películas, filmadas en diferentes momentos y lugares atravesados por la carrera del director español. También se podrán ver dos documentales recientes, El último guión: Buñuel en la memoria (España, 2008), de Gaizka Urresti y Javier Espada y Calanda, 40 años después (España, 2007), dirigido por Juan Luis Buñuel, el hijo de Luis Buñuel.

El ciclo comezó ayer con Los Olvidados (1950), filmada en los alrededores de México, pero que podría suceder, según lo indica una voz over al principio de la película, la periferia de cualquier gran ciudad. “Nueva York, París, Londres esconden, tras sus magníficos edificios, hogares de miseria que albergan niños mal nutridos…” Rodada en escenarios reales y con sus verdaderos habitantes como protagonistas, Los Olvidados podría asociarse con la estética del neorrealismo italiano, estilo creado por directores como Vittorio de Sica y Cesare Zavattini, que también supieron filmar la vida de los niños en barrios pobres de Roma. La diferencia fundamental es que los personajes de Buñuel están profundamente marcados por sus condiciones de vida y no son naturalmente bondadosos como los héroes de los directores italianos. Buñuel les niega la simpatía y la compasión. Aquí los niños le arrojan piedras al ciego, por ejemplo, y así ponen en escena la brutalidad y el egoísmo.

Al momento de su estreno en México, cuenta el director en su autobiografía, “la película permaneció cuatro días en cartel y suscitó en el acto violentas reacciones”. Buñuel la presentó en París a fines de 1950, pero el partido comunista prohibió a Georges Sadoul, escribir una crítica sobre Los olvidados por considerarla “burguesa”. El éxito llegó recién después de su proyección en el festival de Cannes y de un ensayo de Octavio Paz, donde destaca que Buñuel muestra la evolución del surrealismo, que se inserta ahora en las formas tradicionales del relato, en este caso una tragedia absurda, integrando “las imágenes irracionales que brotan de la mitad oscura del hombre”.

En su primera película, realizada junto al artista Salvador Dalí en 1929, la regla para escribir el guión consistió en “rechazar toda imagen que pudiera tener una explicación racional, cultural o histórica”. Así hicieron Un perro andaluz basada principalmente en dos sueños, uno de cada uno de sus autores y poco después se conectaron con en el círculo de autores surrealistas, agrupados en torno a la figura de André Breton.

Años más tarde, Luis Buñuel adopta las convenciones del estilo narrativo y naturalista del discurso cinematográfico, pero sólo en apariencia. Siempre intercala, entre escenas “racionales”, imágenes de sueños y fantasías que dan cuenta de las contradicciones que sus personajes no pueden resolver. En Belle de Jour (1966), por ejemplo, la protagonista aparece felizmente casada con un cirujano, pero la pareja tiene problemas en su vida sexual. En el montaje de la película, la inexplicable frigidez de la mujer está cuidadosamente mezclada con imágenes de visiones y fantasías sadomasoquistas. Es en el terreno de la fantasía donde se desarrolla una explicación “racional”, donde se encuentran las verdaderas claves de sus actos, donde el desarrollo narrativo termina disolviendo totalmente las fronteras que dividen la realidad y la imaginación.

Viridiana (1961), producción mexicana filmada en Madrid en plena época franquista, fue otra película que causó escándalos al momento de su estreno. A pesar de haber obtenido la Palma de Oro en Cannes como película española, fue inmediatamente prohibida en España por el ministro de información y turismo. El personaje central de la historia, Viridiana, es una novicia con nombre y actitud de santa que visita a su tío, Don Jaime. Durante su visita, el tío la adormece para violarla, pero finalmente no se atreve. Posteriormente intenta retenerla cuando ella quiere volver al convento; le miente diciéndole que ya no podrá ordenarse monja, porque la ha tenido relaciones sexuales mientras dormía. Buñuel señala que escribió el guión basándose en “una antigua fantasía erótica, en la que gracias a un narcótico, abusaba de la reina de España.”

El ciclo también incluye La joven (1960), una de las dos producciones norteamericanas de Buñuel, pero que fue enteramente filmada en México. El relato transcurre en una isla y también sucede una supuesta violación. En su autobiografía, Buñuel cuenta que filmó esta historia en rechazo al maniqueísmo, donde los personajes se dividen entre buenos y malos, pero no hay espacio para la ambigüedad.

La situación de un grupo de personajes aislados en una isla como en La Joven o en la versión buñueliana de Robinson Crusoe (1954), en la jungla como en La muerte en este jardín (1956), en un autobús (Subida al cielo, 1952) o en un tranvía (La ilusión viaja en tranvía, 1954) se repite en varias películas dirigidas por Luis Buñuel. En El ángel exterminador (1961/62), un grupo de veinte personajes se reúnen a cenar en casa de un aristócrata después de una función teatral y, luego de la fiesta y sin estar encerrados, sin razón aparente o conocida, no logran salir de la habitación. En cuanto uno de los personajes se saca el saco, se empiezan a desmoronar también las convenciones de cortesía, las tácticas diplomáticas, la conversación cuidadosa. Así empiezan a desarrollarse diálogos absurdos, y se puede ver cómo la aristocracia, encerrada en su propio código social, se desmoraliza, pierde su máscara.

Este ciclo es una excelente oportunidad para disfrutar (o volver a disfrutar) de un director que, borrando los límites entre la fantasía y la realidad, supo crer nuevas formas de llevar la ambigüedad al cine durante casi cincuenta años de producción.

Programa:

Miércoles 9: La joven (The Young One; México/EE.UU., 1960).

Jueves 10: 
El último guión: Buñuel en la memoria (España, 2008), Dirección: Gaizka Urresti, Javier Espada.
Buñuel y la linterna mágica (España, 2011), Dirección y guión: Javier Espada (6’; digital)
-Presentación de los cortos premiados del concurso “Imaginando a Luis Buñuel”
Calanda, 40 años después (España, 2007), Dirección: Juan Luis Buñuel.

Viernes 11: Viridiana (México/España, 1961).

Sábado 12: El ángel exterminador (México, 1962).

Domingo 13: Belle de jour (Francia, 1966).

Sala Lugones, Teatro Municipal General San Martín
Corrientes 1530, Buenos Aires, Argentina
Funciones a las 14.30, 17, 19.30 y 22 hs.

Nuestra Señora de la Diferencia

En el árido e infinito desierto mongol, en las calles de la encerrada Berlín de los ’70 o en el lago alemán que hace de océano chino, Ulrike Ottinger siempre encontró a la mujer, al freak, al exiliado, al marginal. En su trabajo cinematográfico siempre quiso representar la otredad, la desviación de la norma, siempre iluminada por toques experimentales y humorísticos, comedia de vanguardia redimida por la conciencia social. Desde 1974 produjo películas donde se cruza el cine artístico de ficción y el documental postmoderno, algunas veces descriptas como “celebración del anti-realismo lésbico punk”. Una secuencia de Retrato de una bebedora, tomada en 1978, muestra el encuentro silencioso entre dos mujeres extrañas, separadas por el panel de vidrio de un café berlinés. Desde adentro, la bebedora, envuelta en un vestido amarillo brillante, levanta el vaso para brindar con la mujer vagabunda que saluda desde afuera. El vidrio las separa, pero el líquido y el deseo de embriagarse las unifica, sugiriendo que las dos figuras opuestas forman dos imágenes del mismo personaje.

Retrato de una bebedora

Sólo unos años antes, en 1975, la revista Screen había publicado el emblemático ensayo de Laura Mulvey sobre “Placer visual y cine narrativo”. En la era clásica del cine de Hollywood, argumenta Mulvey, los espectadores tienden a identificarse con el protagonista de la película, en general un personaje masculino que hace avanzar la acción. Mientras tanto, los personajes femeninos de los ’50 y ’60 están construidos para ser mirados, produciendo quiebres voyeurísticos, de observación, entre las secuencias narrativas. Este texto, junto a otros materiales que analizaban los puntos de vista y la sutura cinematográfica, suministraron una base teórica para cineastas que querían alejarse de la norma y abrieron el camino para un cine de mujeres que quería lograr una profunda transformación de la visión, creando un lenguaje diferente de imágenes en movimiento.

Superbia

Ottinger, una artista visual que se cruzó al cine desde las imágenes estáticas de la fotografía y la pintura, quiso, desde sus primeras películas, dirigirse al espectador femenino, más allá de que se trate de hombres o mujeres. Madame X, por ejemplo, define todos los puntos de identificación como femeninos o feministas, con su llamada repetitiva a todas las mujeres en busca de “oro, amor y aventura”, la apropiación del género de películas de piratas, la voz desarticulada de la autoridad y el uso del fetiche para otra clase de placer. Representa el punto de vista del segundo sexo, lo que también ralentiza la narración hasta hacerla perder relevancia y dejar espacio para la combinación no sincrónica de imágenes y sonidos. En este sentido, el trabajo de Ottinger sigue los principios del collage y se conecta con el surrealismo. No hace cine narrativo, sino que demanda y genera en sus espectadores una forma específicamente asociativa de mirar y escuchar.

Jeanne d’Arc of Mongolia

La representación de la otredad empezó con sus primeras películas feministas como “Retrato de una Bebedora” y “Madame X”. Las mujeres que su suman, por ejemplo, a la embarcación de X, vienen de contextos deseantes extremadamente diversos: una modelo, una psicóloga, una cocinera china, una chica exótica de Polinesia, etc. En “Freak Orlando”, se trata de un grupo de marginados, excluidos y deportados, unidos en la película a través del personaje de Orlando creado por Virginia Woolf, que puede atravesar distintos períodos de la historia como hombre y como mujer.

12 sillas

Los escenarios donde los personajes se mueven y viven van más allá de una cuestión de locación, funcionando como una parte esencial de la historia. Ottinger pudo convertirse en la primera cineasta occidental que filmó en Mongolia, en otras ocasiones fue a China o se quedó en la ciudad donde vive, Berlín. Viena se transformó en la plataforma para el regreso de una vampira húngara del siglo XVII en su versión de la Condesa Sangrienta, el Berlín de los ’70 es la ciudad laberíntica para disolverse en alcohol, encontrando de paso a Nina Hagen, Martin Kippenberger y a tres mujeres espías que responden a los nombres de “Cuestión Social” (Magdalena Moctezuma), “Sentido Común”(Monika von Cube) y “Estadísticas Precisas” (Orpha Termin). El deseo está intrincado, entretejido en estos paisajes, lleva a sus protagonistas a territorios extraños y los hace extranjeros. Laurence A. Rickels afirma que “la exclusión, como en un sueño, queda invertida en las películas de Ottinger como inicio de un viaje y de una aventura.”

La Sala Lugones del Teatro San Martín está proyectando estos días un ciclo de sus películas, acompañadas de una muestra de fotografía en la fotogalería. Están incluidas once películas, entre ellas Retrato de de una BebedoraFreak OrlandoJuana de Arco de Mongolia12 sillasSuperbiaPrater y otras que nos invitan ahora a a abandonar la certeza y el aburrimiento del cine convencional por “oro, amor y aventura”.

Teatro General San Martín, Sala Lugones
Corrientes 1530 10mo. piso, Buenos Aires, Argentina

Ulrike Ottinger, una retrospectiva, en la Fotogalería

Hasta el 3 de julio

Horario
Lunes – viernes, 12 – hasta el cierre del teatro
Sábados y domingos, 14 – hasta el cierre del teatro