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Asumir la horizontal

Bruno Dubner abrió su muestra Ajeno en el Museo de Arte Moderno

Si la vista tiene una función básica y útil, sirve, por ejemplo, para ubicarse en el espacio, deteniéndose en detalles relevantes que le permiten distinguir una zona de otra. Al caminar por la calle, hay una coordinación entre los ojos que observan y los pies que se desplazan. Podríamos decir también que existe un plano central, a la altura de los ojos, desde donde la visión se mueve de derecha a izquierda y de arriba hacia abajo. Con la cámara contra la cara, el fotógrafo que mira a través del visor se enfrenta a la perspectiva desde un punto único.

Bruno Dubner, de la serie Ajeno.

En el Museo de Arte Moderno, Dubner instala una fila de fotografías, que empieza en una pared y sigue en la adyacente, dando la vuelta por la mitad de la sala. Están situadas a la altura de los ojos y agrupadas bajo el título de Ajeno, término suficientemente neutro y distante, que no nombra lo siniestro ni lo familiar, ni lo privado ni lo público. Queda claro, de todos modos, que lo ajeno no es propio y, por eso, se puede encontrar con la vista, pero permanecerá inaccesible a las manos y a la acción del sujeto que lo percibe.

Bruno Dubner, de la serie Ajeno.

Las imágenes registran texturas, planos de materiales y color, que la vista encuentra al mirar para abajo, en esa dirección que requiere la atención del caminante que quiere saber dónde apoya los pies. Pero la mirada de Dubner se tuerce hacia el costado de la pisada, desviando el sentido hacia la línea donde las baldosas de la calle se chocan con las paredes de los edificios que se levantan perpendicularmente. Ese encuentro, “encerrado en fragmentos”, como señala Fabio Kacero en el texto del catálogo, no es casual ni azaroso, pero tampoco comprensible. Las imágenes proporcionan una información que, si bien es fragmentaria, permite identificar qué tipo de objeto están mostrando. Sin embargo, la mirada distante de Dubner no da respuestas, sino que repite la pregunta, que llega a los ojos con infinitas variaciones.

Vista de instalación.

Cambian las formas, los colores, las cuadrículas, los brillos y las estructuras. Los detalles pueden remitir a diferentes épocas, diferentes historias. Dispuestas en fila, las fotos coinciden, sin embargo, en un mismo espacio y momento histórico. Y nos preguntamos cuánto dura ese momento, qué relación hay entre las superficies que nos muestran . El tiempo de las fotos es fugaz como el de la mirada utilitaria que escannea los ángulos y pronto vuelve a la altura de los ojos mientras los pies avanzan sobre la vereda.

Vista de instalación.

Abstractas como un grupo de detalles aislados y reagrupados en un nuevo contexto, y al mismo tiempo tan concretas como ciertos momentos del caminar por la calle, las escenas de Ajeno no tienen nada de teatral. El gesto de Dubner se apropia quizás de la ajenidad al fotografiarla y ubicarla a la altura de la vista. En su instalación, las imágenes giran en torno a un ángulo entre dos paredes de la sala, replicando, en vertical, los ángulos de las fotografías, que señalan abajo y al costado. La lógica que reunió  esas superficies sigue siendo un secreto a plena vista.

Vista de sala con gente.

Bruno Dubner

Ajeno

Museo de Arte Moderno – MAMBA

Av. San Juan 350, Buenos Aires, Argentina

Hasta fines de enero 2012

Lunes – viernes, 12 – 19  hs.

Sábados – domingos, 11 – 20 hs.

Sábado 31 hasta las 19 hs.

Cerrado: viernes 30 de diciembre y domingo 1ro. de enero

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