Archive for November, 2011

Extrema y sutil

La violencia surge algunas veces en contextos de extrema calma, como un alivio o como una única salida inmediata, que sirve quizás solamente como postergación de lo inevitable. Pocas veces, sin embargo, tenemos la oportunidad de detenernos para observar el estallido.

Julieta Escardó, de la serie Nada que temer

En Flores de acero (Hana-bi, Takeshi Kitano, 1997), Takeshi Kitano interpreta el personaje de Nishi, un policía que deja el trabajo para salir de viaje con su mujer enferma. En el recorrido sin retorno que toma el relato, se van alternando escenas de infinita ternura con violentas peleas, que son la marca constante del cine del director y actor japonés. Hacia el final del viaje, la mujer, al borde de un río, moja un ramo que le había dado su esposo. Cuando un personaje extraño se acerca para avisarle que regar esas flores ya no tiene ningún sentido, que ya no van a revivir, la ira del marido se convierte en un estallido de patadas y piñas, que prolongan el viaje durante unos momentos más.

Julieta Escardó, de la serie Nada que temer

Con su muestra Nada que temer en Meridion, Julieta Escardó logra detener en fotografías esos raros instantes que concentran ternura y una furia explosiva. La destrucción de las flores que vuelan en mil pedazos puede evocar una imagen de nostalgia romántica, pero, más que nada, representa un estallido donde la belleza se rompe y se conserva, como en una imagen irreal, pero físicamente presente, aunque sea en un momento fugaz e invisible.

Julieta Escardó, de la serie Nada que temer

Tan melancólica es la mirada que detiene lo fugaz como la que intenta revivir lo inamovible. Un ruiseñor, un cisne y un zorro están domesticados en lo que parece un museo de ciencias naturales; en todo caso, un teatro inmóvil donde se interpretan a sí mismos y representan a toda la naturaleza en acción, sin hacer nada. Escardó logra capturarlo en escenas donde la textura y los colores se adueñan de la visión y la obligan a detenerse en cada detalle, en imágenes de un placer visual que logra liberarse, por un momento, de la búsqueda del sentido para encontrar en la geometría deshecha y en los contrastes todas las preguntas, olvidándose de las respuestas.

Julieta Escardó, de la serie Nada que temer

El sentido se escapa entre estas fotos donde se combinan artificio y naturaleza, que se mueven entre el cielo abierto y el fondo pintado de los dioramas o de los efectos especiales. La realidad y su simulación vuelan por los aires y se dispersan, se mezclan bajo la mirada vidriosa y ciega del animal. En ese momento intermedio, de estallido o de quietud, se detiene Escardó sin importarle el resto de la película.

Julieta Escardó, de la serie Nada que temer

Julieta Escardó

Nada que temer

Meridion ac 

Chile 1331, Buenos Aires, Argentina

Hasta el 17 de diciembre

Miércoles – viernes, 14 -19 hs.

Julieta Escardó, de la serie Nada que temer

Sensación y sentido

¿Con qué criterios se selecciona, ordena y clasifica la información? “En general, todo lo que podemos describir podría ser también de otra manera”, contestaría Ludwig Wittgenstein desde las páginas de su Tractatus Logico-Philosophicus. La serie Book of Life de la artista alemana Anke Schüttler utiliza la fotografía para realizar un mapeo como lectura e interpretación cartográfica de la realidad, con los objetos de la ciudad, Berlín, en este caso, sus laberintos y su historia hasta entrar en las minuciosidades del código genético, intentando entender y distanciarse al mismo tiempo de una lógica naturalizada, pero quizás absurda.

La malla de metal impide el paso, pero también filtra la visión del bosque, de la imagen caótica o armónica de la naturaleza, que teóricamente se desarrolla sin los condicionamientos de la historia y la cultura. El pájaro embalsamado y cubierto de números despliega también un sistema de clasificaciones, al igual que un plano o una maqueta, donde las líneas, puntos, números y letras encierran una lógica determinada por la historia o el azar, “esa información misteriosa, posible de leer, pero indescifrable”, apunta Schüttler, que puede derivar solamente en lecturas y, a su vez, lecturas de lecturas, etc.

En Privado, el proyecto que la fotógrafa y cineasta Karin Idelson desarrolló en paralelo y a distancia desde Buenos Aires para la muestra en conjunto con Schüttler, la artista se concentra en sitios específicos donde la información circula, se lee, consume e interpreta en la soledad de la cabeza enfocada en el monitor, pero también en el lugar donde ese acto sucede grupalmente, el cybercafé. Su mirada se aleja de “tentaciones panorámicas o explicativas” y se dirige más bien a ciertos puntos, ciertas luces, colores, espacios comunes que se convierten en imágenes casi abstractas, los costados de lo que puede llegar a registrar la cámara web, donde la mirada se posa un momento y los relatos pasan al olvido o dejan de lado el sentido y la temporalidad.

Idelson y Schüttler fotografían de manera directa y analógica, como queriendo escapar a la volatilidad digital y cibernética. Y también como queriendo trascender las barreras del tiempo, sus imágenes se incrustan a la vez en un momento histórico preciso mientras se remontan a los archivos de un conocimiento que se confunde con la naturaleza, pero que, como diría Wittgenstein, podría también ser de otra manera.

Karin Idelson / Anke Schüttler
Privado / Book of Life

La ira de dios
Aguirre 1153 PB A, Buenos Aires, Argentina

Hasta el 16 de diciembre
Lunes – viernes, 15 a 19 hs.

Los árboles lo sabían

Un animal doméstico o domesticado, alejado de su hábitat natural, está integrado a las actividades y cultura humanas. La mula, híbrido entre caballo y burro, fue incorporada como animal de carga desde la antigüedad. Animal casi estéril, proliferó gracias a la acción del hombre, que supo apreciar sus “virtudes biológicas excepcionales (frugalidad, resistencia, longevidad, mansedumbre, inteligencia, etc)”. Así las enumera Adriana Bustos, que en su proyecto Antropología de la mula (2007) se plantea pensar la “mula” como “imagen dialéctica”, como imagen que se transfigura con el tiempo lineal objetivo y las circunstancias históricas, pero que persiste al considerar la “experiencia subjetiva de un tiempo cualitativo”.

Desde esta perspectiva, la mula ancestral se transformó en la mula humana, como se llama a la persona que transporta cantidades considerables de droga, y que se convierte así en el eslabón más vulnerable de la cadena del tráfico de estupefacientes. A partir de entrevistas con mujeres cumpliendo condenas en cárceles de Córdoba por haber sido sorprendidas en esta clase de contrabando, Bustos realizó una serie de telones pintados que representaban sus deseos incumplidos, lo que hubieran hecho con el dinero obtenido. Después fotografió a las narcomulas de espaldas a cámara con la pintura de fondo. Paralelamente, desarrolló otra serie de retratos con la misma pintura como telón de fondo, esta vez de mulas animales. La primera serie es en blanco y negro y la segunda, en color.

Pero, más allá de los detalles visuales, la investigación sobre los recorridos de las sustancias ilegales llevó a Bustos a descubrir que, desde Córdoba, las rutas de explotación y exportación de los metales preciosos que funcionaron desde el siglo XVI hasta el XVIII coinciden con las rutas de las mulas humanas de los siglos XX y XXI.

La mula es una imagen híbrida que se sitúa entre dos especies biológicas. Y geográficamente funciona como puente, otra vez una imagen de intermediación, que transporta productos de distintas culturas y regiones. En su camino se topará con distintos juicios de valor sobre el bien y el mal, sobre lo beneficioso y lo perjudicial, lo saludable y lo insalubre, etc. Se trata de nociones culturales y relativas, que van variando según los cambios históricos de las sociedades. La muestra Recursos en la galería Liprandi rastrea esa historia, compilada en bibliotecas reales y virtuales. Bustos encuentra similitudes, diferencias, conexiones que responden a lógicas misteriosas, absurdas quizás. Las plasma en telas blancas de pintor, un blanco oscuro y cremoso, donde pinta con grafito los documentos que supo rescatar de las páginas olvidadas de revistas y libros de botánica donde se mezclan avisos publicitarios, fotos, datos, anécdotas, pistas, casos como el de Herson, que transportaba droga, puesta por otra persona en su automóvil, sin saberlo. Surgen así índices de una relación, de múltiples relaciones, donde se combinan y confunden recursos naturales y humanos.

En Paisajes del Alma, la artista misma se sitúa en ese lugar de naturaleza ficticia que representa el museo de ciencias naturales. En el video de cuatro minutos y medio se puede ver la imagen de un diorama, de la puesta en escena de la naturaleza, mientras una voz va leyendo extractos de Was ich in Wald in Argentinien sah: (Ein Album) [Lo que vi en el bosque en Argentina: (un álbum], de la escritora alemana Sabine Küchler. “De pronto monitos tímidos se quedaron totalmente quietos, el jaguar alzó una garra para atacar mostrando su dentadura impresionante”, se oye. Al poco tiempo, Bustos misma aparece en la pantalla, su imagen mezclada con los animales embalsamados y las plantas artificiales. Poco después, un reflejo sobre el vidrio hace suavemente visible el entorno del edificio, su puerta de vidrio y madera, el ir y venir de las sombras de las personas. El transcurrir del tiempo entra en esa atmósfera de movimientos detenidos. Es como si el museo quisiera mostrar un fragmento congelado de jungla sin darse cuenta de que, en la naturaleza, el movimiento no siempre se puede ver, pero nunca se detiene. No por casualidad aclara Küchler que fue la fotógrafa que la acompañaba quien “consideró indispensable una visita al museo de ciencias naturales”.

En la habitación adyacente está colgado el Mapa del cultivos, iluminado sobre las paredes vestidas de negro. Una sombra cubre una porción del planisferio, que no es siempre la misma. Las luces y sombras, el bien y el mal, la razón y el absurdo se desplazan también hacia los distintos continentes.

A todo esto, Bustos agrega, de nuevo en grafito sobre tela, gráficos de la estructura química que componen las sustancias alucinógenas: mescalina, psilocibina, tetrahydrocannabinol y triptamina. En lenguaje científico, estas estructuras, en toda su abstracción, en su blanco y negro, parecen hablar un idioma objetivo, atemporal e inaccesible para el que no sabe cómo descifrar los códigos de la química. Dejan suponer que quizás funcionan como mapas. Pero, más allá de los razonamientos de la ciencia moderna y de las valoraciones culturales que puedan surgir, una voz llega desde la proyección de video y parece adivinar otras formas de conocimiento cuando afirma que “los árboles lo sabían”.

Adriana Bustos
Recursos

Ignacio Liprandi Arte Contemporáneo
Avenida de Mayo 1480 3ro Izquierda, Buenos Aires, Argentina

Hasta el 30 de enero de 2012
Lunes – viernes, 11 – 20 hs.
Sábados by appointment

El encanto de las pesadillas

Esta semana empezó en la Sala Lugones del Teatro San Martín el ciclo Reencuentro con Buñuel, donde se proyectan cinco de sus más importantes películas, filmadas en diferentes momentos y lugares atravesados por la carrera del director español. También se podrán ver dos documentales recientes, El último guión: Buñuel en la memoria (España, 2008), de Gaizka Urresti y Javier Espada y Calanda, 40 años después (España, 2007), dirigido por Juan Luis Buñuel, el hijo de Luis Buñuel.

El ciclo comezó ayer con Los Olvidados (1950), filmada en los alrededores de México, pero que podría suceder, según lo indica una voz over al principio de la película, la periferia de cualquier gran ciudad. “Nueva York, París, Londres esconden, tras sus magníficos edificios, hogares de miseria que albergan niños mal nutridos…” Rodada en escenarios reales y con sus verdaderos habitantes como protagonistas, Los Olvidados podría asociarse con la estética del neorrealismo italiano, estilo creado por directores como Vittorio de Sica y Cesare Zavattini, que también supieron filmar la vida de los niños en barrios pobres de Roma. La diferencia fundamental es que los personajes de Buñuel están profundamente marcados por sus condiciones de vida y no son naturalmente bondadosos como los héroes de los directores italianos. Buñuel les niega la simpatía y la compasión. Aquí los niños le arrojan piedras al ciego, por ejemplo, y así ponen en escena la brutalidad y el egoísmo.

Al momento de su estreno en México, cuenta el director en su autobiografía, “la película permaneció cuatro días en cartel y suscitó en el acto violentas reacciones”. Buñuel la presentó en París a fines de 1950, pero el partido comunista prohibió a Georges Sadoul, escribir una crítica sobre Los olvidados por considerarla “burguesa”. El éxito llegó recién después de su proyección en el festival de Cannes y de un ensayo de Octavio Paz, donde destaca que Buñuel muestra la evolución del surrealismo, que se inserta ahora en las formas tradicionales del relato, en este caso una tragedia absurda, integrando “las imágenes irracionales que brotan de la mitad oscura del hombre”.

En su primera película, realizada junto al artista Salvador Dalí en 1929, la regla para escribir el guión consistió en “rechazar toda imagen que pudiera tener una explicación racional, cultural o histórica”. Así hicieron Un perro andaluz basada principalmente en dos sueños, uno de cada uno de sus autores y poco después se conectaron con en el círculo de autores surrealistas, agrupados en torno a la figura de André Breton.

Años más tarde, Luis Buñuel adopta las convenciones del estilo narrativo y naturalista del discurso cinematográfico, pero sólo en apariencia. Siempre intercala, entre escenas “racionales”, imágenes de sueños y fantasías que dan cuenta de las contradicciones que sus personajes no pueden resolver. En Belle de Jour (1966), por ejemplo, la protagonista aparece felizmente casada con un cirujano, pero la pareja tiene problemas en su vida sexual. En el montaje de la película, la inexplicable frigidez de la mujer está cuidadosamente mezclada con imágenes de visiones y fantasías sadomasoquistas. Es en el terreno de la fantasía donde se desarrolla una explicación “racional”, donde se encuentran las verdaderas claves de sus actos, donde el desarrollo narrativo termina disolviendo totalmente las fronteras que dividen la realidad y la imaginación.

Viridiana (1961), producción mexicana filmada en Madrid en plena época franquista, fue otra película que causó escándalos al momento de su estreno. A pesar de haber obtenido la Palma de Oro en Cannes como película española, fue inmediatamente prohibida en España por el ministro de información y turismo. El personaje central de la historia, Viridiana, es una novicia con nombre y actitud de santa que visita a su tío, Don Jaime. Durante su visita, el tío la adormece para violarla, pero finalmente no se atreve. Posteriormente intenta retenerla cuando ella quiere volver al convento; le miente diciéndole que ya no podrá ordenarse monja, porque la ha tenido relaciones sexuales mientras dormía. Buñuel señala que escribió el guión basándose en “una antigua fantasía erótica, en la que gracias a un narcótico, abusaba de la reina de España.”

El ciclo también incluye La joven (1960), una de las dos producciones norteamericanas de Buñuel, pero que fue enteramente filmada en México. El relato transcurre en una isla y también sucede una supuesta violación. En su autobiografía, Buñuel cuenta que filmó esta historia en rechazo al maniqueísmo, donde los personajes se dividen entre buenos y malos, pero no hay espacio para la ambigüedad.

La situación de un grupo de personajes aislados en una isla como en La Joven o en la versión buñueliana de Robinson Crusoe (1954), en la jungla como en La muerte en este jardín (1956), en un autobús (Subida al cielo, 1952) o en un tranvía (La ilusión viaja en tranvía, 1954) se repite en varias películas dirigidas por Luis Buñuel. En El ángel exterminador (1961/62), un grupo de veinte personajes se reúnen a cenar en casa de un aristócrata después de una función teatral y, luego de la fiesta y sin estar encerrados, sin razón aparente o conocida, no logran salir de la habitación. En cuanto uno de los personajes se saca el saco, se empiezan a desmoronar también las convenciones de cortesía, las tácticas diplomáticas, la conversación cuidadosa. Así empiezan a desarrollarse diálogos absurdos, y se puede ver cómo la aristocracia, encerrada en su propio código social, se desmoraliza, pierde su máscara.

Este ciclo es una excelente oportunidad para disfrutar (o volver a disfrutar) de un director que, borrando los límites entre la fantasía y la realidad, supo crer nuevas formas de llevar la ambigüedad al cine durante casi cincuenta años de producción.

Programa:

Miércoles 9: La joven (The Young One; México/EE.UU., 1960).

Jueves 10: 
El último guión: Buñuel en la memoria (España, 2008), Dirección: Gaizka Urresti, Javier Espada.
Buñuel y la linterna mágica (España, 2011), Dirección y guión: Javier Espada (6’; digital)
-Presentación de los cortos premiados del concurso “Imaginando a Luis Buñuel”
Calanda, 40 años después (España, 2007), Dirección: Juan Luis Buñuel.

Viernes 11: Viridiana (México/España, 1961).

Sábado 12: El ángel exterminador (México, 1962).

Domingo 13: Belle de jour (Francia, 1966).

Sala Lugones, Teatro Municipal General San Martín
Corrientes 1530, Buenos Aires, Argentina
Funciones a las 14.30, 17, 19.30 y 22 hs.