Archive for September, 2011

Noche blanca e invisible

La luz cambia la apariencia de los objetos. Y la noche, con su manto negro envuelve las cosas y las hace difíciles de distinguir. En El amanecer del sexto sol, la muestra de Laura Gerscovich, es, al contrario, con la oscuridad y con la luz negra, donde aparecen las líneas y las letras, contrastadas y brillantes sobre una superficie negra. Esa misma luz nos permite también observar los reflejos más sutiles, como esas flores que se abren durante la noche, que parecen necesitar la fuerza del sueño para amenecer con los pétalos desplegados a la mañana siguiente.

En el centro de la sala, Gerscovich instaló cinco árboles en miniatura, con un cristal redondo en el medio. Sus proporciones y el pedestal en que están plantados contienen un mundo fantástico de colores, geometría y símbolos, donde está representada, a pequeña escala, una forma convencional de naturaleza, el bosque. Su luz y sus formas se reflejan en la superficie vidriada, despertando un mundo imaginario de reflejos y símbolos. Bajo la luz negra, sus reflejos acentúan la artificialidad, los aspectos ficcionales de lo que percibimos como formas naturales. A su vez, lo ficiticio, con sus símbolos y sus reflexiones, el terreno del delirio y la alucinación, forma parte inseparable de la representación de la naturaleza.

En esa búsqueda, dos momentos aparentemente contradictorios van remitiéndose el uno al otro, como si todas las cosas se unificaran y se borraran las fragmentaciones que dividen a los seres y que clasifican a los objetos por sus partes. En el mundo de Gerscovich, los minerales y seres vivos se integran, y también los líquidos y sólidos, femeninos y masculinos, luces y sombras, en un proceso a la vez físico y simbólico, donde cada material tiene su forma y su función y todo parece complementarse. Dos momentos opuestos de este proceso a la vez físico y virtual se pueden ver de dos maneras diferentes según la iluminación que se utilice en la sala, si se prende la luz negra o la incandescente. Son dos muestras en una, pero también es una muestra en dos partes coexistentes.

El plumaje blanco de un pájaro brilla en la luz negra adelante de la entrada. El resto de su cuerpo es oscuro como la noche. “En esa ave habita el dios Thoth”, afirma Gerscovich. La escultura materializa el símbolo, encarna la fantasía. En una de las paredes, un sistema de círculos que se tocan, intersectan y multiplican brilla también en la luz oscura. Representa a la flor de la vida. La lógica geométrica de los círculos podría expandirse al infinito y, así, el dibujo abarcaría el mundo. “Si se completaran todos los cículos -nos dice el texto que acompaña la muestra-, entonces se desplegaría el secreto”. Sobre otra de las paredes y sólo visible en la oscuridad de la luz ultravioleta se puede leer un poema que habla de enlazar el cielo a la tierra, otra vez borrando las distancias entre dos extremos opuestos y complementarios.

Pero la luz incandescente se prende y los círculos y las letras se desvanecen o más bien se convierten en líneas blancas que apenas se pueden distinguir del fondo blanco donde están impresas, casi desapareciendo en un cuadrado blanco sobre blanco. La oscuridad revela misterios que la luz oculta. A la vez, es la luz la que nos muestra y hace entender lo que estábamos viendo. Pero también sospechamos que quizás así, incandescente y blanca, sea la noche en el reino de las sombras. Imaginamos que, en su blancura secreta e invisible, el pájaro despliega las alas.

 

El Amanecer Del Sexto Sol
Laura Gerscovich

Mite Galería
Santa Fe 2729, Buenos Aires, Argentina

Hasta el 8 de octubre
Martes – Sábados, 14 – 20 hs.

 

Leer entre líneas y curvas de una ciudad

Los procesos urbanos suelen transformar las ciudades lentamente, a tal punto que es posible vivir muchos años en una ciudad pensando que sus calles y paredes estuvieron ahí como condicionantes naturales del terreno. Sin embargo, en cuanto nos preguntamos cómo se valorizó esa tierra y qué decisiones favorecieron la puesta envalor de las diferentes zonas, la historia se proyecta entre las líneas de distribución, las intersecciones y los edificios.

La muestra de Amadeo Azar en el Centro Cultural Recoleta hace referencia, desde su título mismo, a la ley 13512 de propiedad horizontal y, más específicamente, de cómo afectó el paisaje de su ciudad natal, Mar del Plata. Sancionada por el gobierno de Juan Domingo Perón en 1948, la por entonces nueva legislación tenía el propósito de facilitar el acceso a la vivienda propia, permitiendo que los distintos departamentos de un mismo edificio pertenezcan a distintos dueños. Esta nueva posibilidad produjo una modificación radical del mercado inmobiliario, que se regía hasta ese momento por una ley de 1869 que establecía que cada edificio tenía debía pertenecer a un solo propietario.

Fue el 4 de agosto de 1948, anticipándose a la sanción de la ley, que el diario marplatenseLa Capital publicó la primera publicidad promoviendo la venta de departamentos. Dos días después, sólo quedaban ocho de las veinticuatro unidades disponibles.

“Los compradores provenían en su mayoría de Buenos Aires, Gran Buenos Aires y el interior de Argentina y se compraban un departamento en la ciudad balnearia para pasar sus vacaciones. Durante el período que va de 1950 a 1970, se construyó más del 50% del parque habitacional actual, demoliendo el 70% del casco céntrico tradicional. Los chalets y villas, símbolos del veraneo de la aristocracia, son demolidos para dar paso a la construcción de edificios de departamento, destinados a vivienda veraniega de la clase media porteña. Así se transforma Mar del Plata en el modelo en la Argentina de la ciudad moderna”, señala Talía Pilcic en su ponencia de 2009.

Amadeo Azar coloca sobre el suelo, a manera de maqueta, un chalet y tres edificios de departamentos. Entre los dos tipos de arquitectura hay cuatro plazoletas con sus respectivos faroles de madera pintada de blanco opaco. En los bloques de departamentos, los agujeritos rectangulares representan ventanas y muy pocas aparecen iluminadas. La casa está en primer plano, aislada y desprotegida frente a la mirada del espectador. Por detrás y aunque no puedan moverse, los edificios amenazan con avanzar. La contraposición hace que las ventanitas parezcan tremendamente pequeñas y su iluminación, vista desde afuera, recuerda la luz de las vidrieras de los negocios cerrados.Masivamente, la política favorece que la casa se venda y se convierta en departamentos. En el caso de Mar del Plata, la mayoría van a quedar deshabitados durante casi todo el año, ya que se compran para el turismo.

La instalación de Azar nos convierte en observadores aéreos, esos que perciben la forma de los techos y las aperturas de circulación urbana. Presenta la maqueta de una planificación improvisada, delirante, como si dos períodos históricos, dos maneras de entender y construir una ciudad se superpusieran y estuvieran a punto de colisionar. Lo que se ve no es desorden, se trata más bien contraste, contradicción y especulación. También en sus acuarelas, el artista suele representar estructuras edilicias que, a veces, forman una palabra con las líneas rectas de sus contornos. Siempre están quietas y silenciosas como los personajes que las habitan.

La muestra no ofrece explicaciones ni respuestas, se levanta simplemente desde el piso gris de cemento, concentrándose en el medio de la sala. Pero en cuanto la mirada sube hacia lo alto o se dispersa hacia los bordes, el observador encuentra el espacio vacío de la habitación.

Amadeo Azar
13512

Centro Cultural Recoleta
Junín 1930, Buenos Aires, Argentina

Hasta el 25 de septiembre
Lunes – Viernes, 14 – 21 hs.

Un loop fragmentario e infinito

¿Tiene forma, la violencia? En ese caso, ¿es posible representarla? ¿Se trata de una estrategia premeditada, de un impulso obsesivo o de una reacción improvisada? Por otro lado, ¿cómo se reacciona ante la violencia? ¿Se puede reflexionar ante el dolor, propio y ajeno? Parafraseando a Theodor Adorno, ¿Puede haber poesía después de Auschwitz?

Antes de entrar al parque, mientras bordeamos la reja perimetral que lleva a la entrada, vemos una gran impresión fotográfica, en un soporte de tela plástica, como el que se usa para carteles publicitarios. En este caso, está ubicada a la altura de la vista, que debería colarse por entre las rejas para ver el agua marrón del Río de la Plata. Graciela Sacco entreveró entre esos postes metálicos, aprovechando la flexibilidad del material, una gran fotografía en blanco y negro del agua, la misma que deberíamos ver en vivo y en directo.

De Buenos Aires suele decirse que es una ciudad que da la espalda a su río, que contiene un agua peligrosamente contaminada, y también que es difícil de acceder por la red de autopistas, el Aeroparque Jorge Newbery y el parque temático Ciudad Santa, para mencionar sólo algunos ejemplos de grandes predios que se interponen entre la ciudad y su línea de costa, impidiendo el paso. Ya en el Parque de la Memoria, habiendo sorteado los obstáculos para llegar a la Costanera, nos encontramos ante una foto, impresa en material impermeable, de lo que deberíamos poder ver. La operación señala, desde antes de entrar, que el agua y el río quedarán en el lugar de lo visible, pero inalcanzable, de la ficción y de la reflexión. Señala la distancia que existe entre el agua como elemento y su doble perceptual, su representación, los significados que puede evocar en el observador. Y que habrá que atravesar un límite para poder acceder.

Cualquier salida puede ser un encierro. Así nombra la artista a la imagen fragmentada del río, ahora impresa sobre palos de madera que se apoyan contra la pared del fondo en el interior de la sala. La imagen del agua cortada y hundida parcialmente en tierra predomina desde atrás y se enfrenta al río, que queda a nuestras espaldas al entrar, y de repente aparece ante nuestra vista como reflejada en un espejo fragmentado. “La suma de palos con la imagen impresa remite también a la inscripción en el presente de hechos del pasado; es una forma concreta de representar la memoria de esos hechos que se recuerdan con mayor o menor exactitud o sujetos a distintas formas de distorsión,” observa Andrea Giunta desde el texto curatorial. Y la paradoja que señala el nombre se replica otra vez. El agua como fuente infinita de la vida, pero también como cementerio de las víctimas que fueron arrojadas desde aviones al río.

En ámbitos menos simbólicos, las varillas de madera suelen utilizarse para demarcar un terreno y bloquear la vista hacia el exterior. Siempre es posible, sin embargo, acercarse a mirar entre los intersticios que quedan entre los bloques. Así dispuso Graciela Sacco los bordes de Entre blanco y negro, la video-instalación que ocupa más de la mitad del espacio de la sala. Sin una puerta para entrar o salir, como otro continuo fragmentado, las maderas rodean una pantalla gigante donde “la pintura estalla en manchas”. A partir de una superficie totalmente blanca, van apareciendo manchas de pintura negra que se producen en simultáneo con ruidos de disparos y metrallas que provienen de diferentes ángulos de la habitación. Al ritmo de la violencia, la pintura se torna negra. Después se produce el movimiento inverso: desde lo negro, las manchas blancas van cubriendo la totalidad de la superficie de la pantalla. El proceso es un loop infinito y continuo que se construye a partir de fragmentos.

Tensión Admisible propone ir más allá de las formas narrativas convencionales de exponer la violencia. Si volvemos a las preguntas de arriba, la instalación parece construir un terreno único donde se combinan la forma y lo informe, donde el ruido ensordecedor no sólo representa la violencia, sino que se vuelve una manera de introducirla en la sala, de invadir el espacio sonoro, que traspasa el vallado, el límite, provocando curiosidad, rechazo, miedo y tensión. Tomados de bancos de sonido, los estallidos suenan con un un realismo alarmante, contrastan con las imágenes abstractas de las manchas, que nada explican, nada nos cuentan, no pretenden aleccionarnos, y, como si se fundieran para siempre en el agua, rompen nuevamente el continuo. Al irnos, observamos otra vez la impresión del agua que se fragmenta al intercalarse con las rejas, que se interpone a la vista, la misma que se perdió en el horizonte y en el agua unos minutos antes.

 

Graciela Sacco
Tensión Admisible

Monumento a las víctimas del terrorismo de estado – Parque de la Memoria

Av. Costanera Norte Rafael Obligado 6745, Buenos Aires, Argentina

Hasta el 20 de febrero de 2012
Lunes – Viernes, 10 – 17 hs.
Sábados – Domingos, 12 – 18 hs.