El hilo de la transformación

El ser humano se distingue de los demás animales por su capacidad de simbolizar, por la utilización de lenguajes abstractos que estructuran complejos procesos de comunicación. La interacción y convivencia con ciertos animales, sin embargo, demuestra que es posible una forma diferente de intercambio comunicativo. “Se trata de un afecto sin ambivalencia, de la simplicidad de una vida liberada de los casi insoportables conflictos de la cultura”, le escribía Sigmund Freud a Marie Bonaparte.

En su video Training, Claudia Fontes utiliza el lenguaje de las imágenes en movimiento, del video, para mostrar momentos del recorrido que realiza con su galgo en un parque suburbano de Brighton, al Sur de Londres, donde lo entrena. La cámara encuentra y sigue los pasos del animal. Con su lenguaje, nos dice quién mira a quién, quién sigue a quién, utiliza el raccord de miradas y nos muestra un espacio donde se puede distinguir el adelante del atrás. Hay un momento, sin embargo, donde, a diferencia del lenguaje cinematográfico convencional, la relación se transforma. Después de un plano en que los ojos del perro se fijan en el lente de la cámara, será él el que tome la iniciativa, el que guíe los pasos por los vericuetos del parque para terminar llevando la cámara sobre su propio cuerpo y registrar el “devenir animal” del aparato cinematográfico y de la artista, marcado por la mímesis entre el objeto y el sujeto de la mirada.

Es el devenir ligado al afecto y no a la racionalidad como en El deseo de ser piel roja de Franz Kafka, donde se borra toda distancia entre el caballo y el jinete. Lo mismo pasa en el abrazo del niño y el perro, que muestra una estatuita de porcelana que acompaña aTraining en un rincón de la habitación donde se proyecta. Ahí se confunden, otra vez, las animalidades y las culturas, la tridimensionalidad de la escultura resalta la materialidad de esa fantasía.

En otra habitación, sobre el piso y continuando sobre la pared, se extiende un mapa del recorrido del galgo, con hilos negros que continúan en líneas trazadas sobre la verticalidad del muro. Vertical y horizontal, animales y árboles ahora nos hacen percibir el recorrido como un pájaro que lo observa desde el cielo, como un animal que sólo puede distinguir contrastes, pero también como un ser humano que puede reconstruir un recorrido con su memoria y representarlo en un espacio y a una escala diferentes.

En todo caso,  si en Training se puede ver, de alguna manera, una comunicación que acerca al hombre y al animal, que crea un lenguaje compartido, estas curvas y trazos parecen, a primera vista, mostrar rasgos de una animalidad más pura, de un movimiento extraño, aparentemente determinado por un sentido fuerte del olfato. Sin embargo, si encontráramos la lógica de las curvas y vaivenes, cuestionarían nuestras convenciones más inamovibles y matemáticas sobre ubicaciones, localizaciones, formas y estrategias de alcanzar un espacio.

Las estructuras espaciales arquitectónicas de líneas rectas aparecen en la instalación escultórica Montaña, en el centro de la muestra, donde mil cuatrocientas varillas de madera de pino se entrelazan para formar una estructura racional, pero desprovista de todo sentido, excepto para sostener una frase, escrita con las mismas líneas de madera: “El momento del derrumbe revela puntos clave de su construcción”, dice. Dos proyectores iluminan desde abajo con su luz circular las complejas estructuras de varillas que, apoyadas otra vez, sobre el suelo, se transmutan en la imagen de sus propias sombras, formando una red de líneas, ahora bidimensionales, en la pared del fondo, que remiten al vertiginoso recorrido de la montaña rusa, pero también recuerdan el Monumento a la Tercera Internacional de Vladimir Tatlin. La frase indica que no existe contradicción entre la construcción y la destrucción del objeto, ya que la resolución del misterio implica su colapso o su transformación.

Todo lo que vemos en El sonido del árbol caído está construido para transformarse, desplazarse, ir mutando el sentido y la lógica de las cosas, aún de las que de las que tienen raíces ancestrales por debajo de la tierra y pertenecen a la naturaleza más antigua. Su origen, su imagen, su longevidad, lejos de afianzar certezas, se vuelven el objeto de miradas diversas y misteriosas.

Claudia Fontes
El sonido del árbol caído

Ignacio Liprandi Arte Contemporáneo
Avenida de Mayo 1480 3ro. Izquierda, Buenos Aires, Argentina

Lunes – Viernes, 11 – 20 hs.
Sábados by appointment (info@ignacioliprandi.com)

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