El futuro de la memoria olvidada

La Torre en la Torre: La instalación “Babel” de Gabriel Valansi en Fundación YPF

La instalación de Gabriel Valansi, específicamente diseñada para el hall de la planta baja del rascacielos de YPF en Puerto Madero y titulada Babel, mezcla las certezas de la razón de una arquitectura hiper-moderna con la verdad eterna y los misterios del mito ancestral.

Visualmente, el nombre “Babel” evoca una serie de construcciones altas, verticales, enraizadas en la tierra, pero rodeada de nubes, tocando el cielo. En cuanto al sonido, remite a la confusión, el malentendido y el poder de Dios, que saboteó la Ciudad de los hombres que lo iba a alcanzar, dividiendo al pueblo en tantas lenguas que se dispersó, horizontalmente, en la superficie del planeta. El curador Fernando Farina menciona un “secreto diccionario de Dios” como el dispositivo ideal que permitiría la total comprensión.

Pero la humanidad está condenada a la fragmentariedad, y sólo se limita a imaginar el poder de la visión y la comprensión totales a través de las diferentes perspectivas de sus sujetos. El lenguaje crea una distancia entre las cosas y los significados, entre los objetos y la representación, y esto permite a su vez, las sutilezas del discurso –ironía, ficción, honestidad, subjetividad, desproproción, especulación, intención, mentiras, etc.

En este contexto, la Torre de Babel de Valansi aparece detrás de las ruinas metálicas de una estructura de cartel publicitario, que ahora falta, pero que se puede fácilmente imaginar.  El marco todavía sostiene las lámparas de cuarzo que solían iluminarlo. La muestra comienza con estos metales antiguos y retorcidos, que dialoga con los paneles de vidrio y las grillas de metal que forman las paredes externas del edificio de YPF –y la mayoría de las construcciones de Puerto Madero- visualizando un futuro devastado.

En una pantalla ubicada a contraluz delante de una ventana, se puede ver un video en blanco y negro. Empieza con una imagen que sugiere una grilla funeraria y luego continúa para mostrar un par de manos enguantadas manipulando hallazgos arqueológicos de la era de la información. Una bola de ruido urbano inidentificable se escucha de fondo, despacio se convierte en el sonido del fuego, de choques metálicos o de truenos que se mezclan con las alarmas sonando en el ascensor u otras partes del edificio de oficinas. Volviendo al video, las manos manipulan teclas de un oscuro idioma de letras y símbolos extraños, pero conocidos. Se ve, también, un contador con números y una aguja, ¿qué contarán?

Más adelante, una plataforma metálica y un par de binoculares apuntan, desde arriba, a la maqueta de una ciudad negra, dispuesta horizontalmente en el suelo del hall. Construida con placas madre uniformadas con una capa de pintura negra, forman el plano de una antigua ciudad, el sitio de exploración arqueológica, el escenario donde un mundo de relaciones sociales se puede, teóricamente, deducir a partir de la observación de un fragmento aislado. Pero la información en esas computadoras está muerta y opaca, contrayéndose en un claro contraste con el pasto que crece y brilla del otro lado de los paneles de vidrio, que ahora parecen extrañamente silenciosos y transparentes.

Hacia el extremo opuesto de la plataforma, la baranda mira sobre una escalera de mármol que viene del subsuelo, invadida por abundantes teclas de miles de computadoras abandonadas, formando una montaña de cuadrados plásticos con letras de una tecnología olvidada. Aisladas o en grupo, no significan nada, no hay nada que puedan hacer si no pertenecen a un dispositivo, si no están sujetas a una totalidad que les asigne una función.

¿Cómo “leer” estos fragmentos? ¿Las cosas y los significados se están alejando entre sí más rápido que nunca? ¿Puede el diccionario divino todavía darnos el significado del mundo?

La muestra logra construir dos realidades paralelas dialogando entre sí: transforma el espacio de la instalación, pero también las paredes a su alrededor y todo lo que se puede ver a través de los paneles de vidrio. Adentro, los oficinistas son personajes de una ciudad escenificada y construída, de un futuro teatro arqueológico. Afuera, el pasto crece como un animal que la humanidad regularmente domestica. El agua “color león” del Río de la Plata fluye en olas aceitosas contra las paredes de las dársenas y debajo de los puentes. En la luz del sol o bajo el brillo lunar, el barrio parece ahora una maqueta de proporciones naturales y bizarras.

Texto de Gabriela Schevach
Imágenes de Gabriel Valansi

Babel, de Gabriel Valansi en la Fundación YPF
Macacha Güemes 515, Buenos Aires, Argentina
Hasta el 18 de febrero
Lunes a Viernes de 10 a 19

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